VEN, VEN TÚ. ALEIXANDRE - TENTONI



















Ven, ven tú

Allá donde el mar no golpea,
donde la tristeza sacude su melena de vidrio,
donde el aliento suavemente espirado
no es una mariposa de metal, sino un aire.

Un aire blando y suave
donde las palabras se murmuran como a un oído.
Donde resuena unas débiles plumas
que en la oreja rosada son el amor que insiste.

¿Quién me quiere? ¿Quién dice que el amor es un hacha doblada,
un cansancio que parte por la cintura el cuerpo,
un arco doloroso por donde pasa la luz
ligeramente sin tocar nunca a nadie?

Los árboles del bosque cantan como si fueran aves,
Un brazo inmenso abarca la selva como una cintura.
Un pájaro dorado por la luz que no acaba
busca siempre unos labios por donde huir de su cárcel.

Pero el mar no golpea como un corazón,
ni el vidreo o cabellera de una lejana piedra
hace más que asumir todo el brillo del sol sin devolverlo.
Ni los peces innumerables que pueblan otros cielos
son más que las lentísimas aguas de una pupila remota.

Entonces este bosque, esta mota de sangre,
este pájaro que se escapa de un pecho,
este aliento que sale de unos labios entreabiertos,
esta pareja de mariposas que algún punto va a amarse...

Esta oreja que próxima escucha mis palabras,
esta carne que amo con mis besos de aire,
este cuero que estrecho como si fuera un nombre,
esta lluvia que cae sobre mi cuerpo extenso,
este frescor de un cielo en el que unos dientes sonríen,
en el que unos brazos se alargan, en que un sol amanece,
en que una música total canta invadiéndolo todo,
mientras el cartón, las cuerdas, las falsas telas,
la dolorosa arpillera, el mundo rechazado,
se retira como un mar que muge sin destino.




VICENTE ALEIXANDRE (1898 - 1984).






Un poema de Vicente Aleixandre, de La destrucción o el amor.

El título del libro que tengo en incipiencia está tomado de un verso del primer poema de este de Aleixandre -cuyo título, a su vez, me gusta mucho. Me pareció natural cuando me pidieron un poema de otro autor elegir de este tomo que releo bastante desde hace unos meses, en un estado como de segundo noviazgo que tengo con el libro. El primero fue cuando me lo compré muy barato en una mesa de saldos hace unos años. Lo levanté por el título, no había leído nada del Nobel todavía. Creo que tengo una fascinación con las imágenes que usa. En mi cabeza, son como videoclips sus poemas. Flashes cortísimos de imágenes vigorosas, potentes, “la dicha consistirá en deshacerse como lo minúsculo / en transformarse en la severa espina”, o “dime por qué tu corazón como una selva diminuta / espera bajo tierra los imposibles pájaros” o “ni los peces innumerables que pueblan otros cielos / son más que las lentísimas aguas de una pupila remota”. O por líneas como “eras hermosa como la dificultad de respirar en cuarto cerrado”. No sé bien qué es lo que me hace quedarme en este libro tanto rato. Algo de la cadencia y la música, seguro, que siempre me retiene en la poesía, un trabajo con las repeticiones y los engarces y las preguntas y que se encargue del corazón, vicio que también tengo –me place ver cómo lo lleva alguien que sí lo hace bien. Toda la selección de elementos naturales que decide, prístinos, primarios, simples, la disfruto, y aun con muchas maneras que tiene que me caen viejas y pomposas pero igual. Es el libro que ando revoleando por la casa y aparece en la cama, en la mesa, en el piso, en la cocina, se va moviendo, lo pierdo como a las llaves, que las pierdo siempre. O por el final de este poema, “un mar que muge sin destino”, un mar que muge, la dolorosa arpillera. Qué se yo, no quiero ni pensar.





VALERIA TENTONI (1985).